Sexualidad

Impotencia sexual: cuando la erección se convierte en un arma de doble filo


Los miedos femeninos a la hora de mostrar su desnudez son ya proverbiales. El pánico a las señales de celulitis, a mostrar esos michelines en la cintura y las caderas o a dejar entrever un rastro de flacidez en su piel suele ser un lastre para muchas mujeres a la hora de disfrutar plenamente del sexo. Ese tipo de inhibiciones no son frecuentes en los hombres. Muy pocos nos paramos a pensar en este tipo de cuestiones ante la perspectiva de tener un encuentro sexual.

Los especialistas lo atribuyen a las diferencias neuronales y fisiológicas que separan a ambos sexos. Mientras que en ellas la fase de excitación es más prolongada y requiere de una mayor intensidad en la estimulación, nosotros funcionamos de un modo más automático. Una vez entramos en la espiral de los prolegómenos, nuestra respuesta física no se hace de rogar. Eso sí, no cometamos el error de pensar que somos simples máquinas sexuales. Los hombres tenemos nuestro corazoncito, sí, y no siempre nos encontramos 100% cómodos con nosotros mismos en la cama. ¿Qué nos agobia? Nuestro propio rendimiento.

La sexualidad masculina está condicionada por un número infinito de estereotipos y clichés. El concepto de virilidad en sí mismo no deja de ser un gran artificio. Y aunque seamos conscientes de ello, hemos interiorizado tanto ese tipo de ideas preconcebidas que no podemos evitar caer en la tentación de justificar nuestra valía a través de nuestras batallitas en la cama. Por eso, cuando de repente sufrimos algún problema de tipo sexual, nos derrumbamos como un castillo de naipes. La disfunción eréctil y la eyaculación precoz son dos de nuestros grandes fantasmas. Y es que perder la erección o –lo que es peor- no ser capaz ni tan siquiera de alcanzarla es la peor pesadilla de muchos. Ya podemos repetirnos como un mantra que existen soluciones como el tratamiento Cialis para la impotencia o la célebre pastilla azul, que no nos quitaremos de la cabeza el trauma. Y es que la impotencia es un golpe directo a nuestro ego masculino.

Oímos hablar una y otra vez de la dimensión psicológica que tiene el placer femenino, sin caer en la cuenta de que no es menos importante en nuestro caso. De hecho, en nuestra mente está la llave para disfrutar de una erección lo suficientemente firme y prolongada como para no arruinarnos la fiesta en el primer baile. ¡Aprendamos a gestionar mejor la preocupación por nuestro rendimiento sexual!


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